Alguna vez una niña me vio dar un beso y me comparó con un barquillo y barsamente se autocalificó como sabor a frambuesa o menta o algo muy whatever así; pretty much saying que yo era una "desabrida" y que ella tenía todo el "flavor". Super psycho, pobre. El hecho es que después de su volada emo-columnista me dí cuenta que tenía razón. No sobre mis besos (aunque resulta que se transforman en barquillo si es que se pierde la atracción) sino que todos tenemos sabor a algo y es complicado querer comer eso por el resto de la vida, forever and ever, amén oh yeah.
No hay comentarios:
Publicar un comentario